viernes, 26 de agosto de 2016

La playa

Arena negra, marea vacía.
El océano arrastrando sombras.
Mi cuerpo entre la espuma de las olas.
Siempre regreso a aquel azul
al final del camino del barranco.

sábado, 6 de agosto de 2016

Los abrazos imposibles

Hay abrazos que se demoran una vida entera
y otros que se evitan para no quebrar la magia.
Tú y yo podíamos haber recuperado el tiempo,
pero ya no somos aquellos adolescentes
sin heridas y sin mil desengaños en el alma.
Ahora somos un hombre y una mujer,
padres divorciados, con más arrugas,
con hijos, con muchos viajes,
con casas que fuimos olvidando,
y con ese temor al fracaso que dejan los años.

jueves, 4 de agosto de 2016

Vaqueros

Hay una cierta tristeza repentina, casi melancólica,
en esa primera rotura de un pantalón vaquero
que ha viajado con nosotros a todas partes.
Ya sabes que luego solo habrá remiendos
y que nadie logrará detener lo inevitable.
Te lo seguirás poniendo unos días más
como cuando le eres fiel a un amor
que sabes que está naufragando.
Pero no hay remedios para los finales.
Ni tampoco costuras milagrosas.
Se seguirán desgarrando poco a poco
con esa decadencia que va dejando el tiempo
en cada una de las prendas que nos acompañan.

domingo, 31 de julio de 2016

El zumbido

El zumbido de una abeja
también equilibra el universo,
y el aleteo de esa mariposa,
y las piedras que mueven las mareas.
No solo son Mozart o Beethoven.
Ni tú cuando te sientes el rey del mundo.
Ese simple zumbido que no percibes
entre el ruido del tráfico y el viento
también consigue que Urano y Neptuno
no acaben chocando frontalmente.

martes, 19 de julio de 2016

Océanos y riberas

Jamás salgo de un cuerpo para ir a otro
ni tampoco me baño dos veces en la misma playa.
Heráclito de Éfeso lo explicó con los ríos.
Yo prefiero besarte y cerrar los ojos
cuando desciendo a tu vientre
como un náufrago perdido.
Y prefiero el océano de tu cuerpo
a todas las riberas presocráticas.

domingo, 10 de julio de 2016

viernes, 8 de julio de 2016

Polillas

Hoy era el día en que salían las alas.
Vuelan unos segundos
y se queman contra la luz del flexo.
Luego se arrastran de nuevo
y se convierten en gusanos indefensos.
Casi todas mueren aplastadas.
Solo se salvan las que logran volar de nuevo.